Una carta para Melanie del 14 de febrero de 2025
- Melanie Sapper
- 15 oct 2025
- 3 min de lectura
Porque con todo mi ser, de rodillas mientras oraba y sentÃa un nuevo vacÃo dentro de mÃ, le oré a Dios entregándole a Luca y pidiéndole que lo recibiera en sus brazos porque sabÃa que él habÃa partido a Su Presencia. Esa madrugada del 14 de febrero de 2025, con mi esposo, dimos nuestra ofrenda más grande a Dios: nuestro amado Luca.
Querida Melanie:
Al final, con las oraciones y el clamor, sà tocamos el cielo, pero fue para entregar al ángel más hermoso. Sà tocamos el cielo y volvimos a la tierra dejando una parte de nuestro corazón allá. Es impensable lo que te toca vivir: ese ultrasonido donde, aún pidiendo el doppler, no encontrarán ritmo cardiaco ni sangre fluyendo. Lo único que fluye son las primeras de muchas lágrimas agrias que resbalarán. Esa frase agridulce que dirás miles de veces nace de ese ultrasonido, porque sà encontraron ritmo cardiaco en Noah: "Perder a Luca me duele hasta los huesos, pero mi corazón no cabe del agradecimiento a Dios por Noah."
Las horas, los minutos y los segundos se vuelven más lentos mientras intentamos procesar lo que está pasando, esa dualidad de dolor hasta los huesos y corazón agradecido. Esa duda tan grande que no sabes a quién hacerle —"es mucho el dolor, ¿cuándo se va?"— yo te la respondo: no se va.
Los dÃas pasan y pareciera que el dolor crece porque la alegrÃa de sentir a Noah moverse también trae la tristeza de saber que Luca ya no se mueve. La alegrÃa de comprarle ropa a Noah también significa que solo compro ropa para un bebé y no para dos. Me decÃan que escondiera el dolor para poder alegrarme por Noah, pero me parecÃa impensable no darle el espacio a Luca para llorarlo. Mi querida Melanie, gracias por darle el espacio a ambos: para alegrarte y para llorar.
Ese mensaje de voz que grabaste para contar toda la historia a una amiga, aún me duele pensar en él, pero contar la historia también ayuda a poder aceptar lo que pasó. Ese cuaderno donde escribiste con lágrimas tantas veces preguntándole a Dios cuándo dejarÃa de doler y por qué pasó también ayudó a poder descargar un poco la cabeza de tanto dolor y cuestionamiento. De esa manera, poco a poco, el dolor se comienza a transformar.
Gracias por la fuerza que sacaste de lo más profundo de tu ser para no hundirte, sino para sentir cada emoción con todo su estruendo. Gracias por cada vez que de rodillas frente a Dios reclamaste pero agradeciste. Gracias por cantar tantas veces la misma canción diciendo "alma mÃa en mil pedazos, nunca dejes de adorar", porque aunque esa era lo único que salÃa, también era adoración a Dios.
Ya pasaron más de seis meses. El dolor aún sigue, pero sà volverás a cantar y ahora con un chiquito al que se le iluminan los ojos al verte y escucharte. Sà volverás a usar ropa de color, aunque a veces vestirte de negro también honra el duelo. Tu cuerpo sanará y los moretes sà van a desaparecer. Ya no vas a llorar a diario, pero hay dÃas en los que sà será necesario para seguir procesando todo lo que pasaste.
Luca ya no solo será dolor; recordarlo también será recordar la alegrÃa que trajo al soñar con tener gemeluchinis. Lo que escribiste: "¿cuándo esto se volverá un testimonio, porque ahorita solo pensar en Luca me duele?", la verdad no sé, pero sà sé que Dios nos sigue formando, moldeando y abrazando.
No desmayes. El dolor es muy grande y nunca habÃamos sentido tanto dolor, pero aunque sientas que esto te quebró y no hay una gota de fuerza en ti, corre al Trono de Dios. No hay nada que decir, más que llorar y dejar que el alfarero pueda volver a hacer una obra de arte. No hay nada que luchar, más que llorar y dejar que el León de Judá ruja y nos renueve las fuerzas. Aférrate a ese versÃculo de Mateo 5:4: "Bienaventurados los que lloran, porque serán consolados". Déjate ser consolada por Dios porque solo Él conoce y sabe la magnitud de este dolor, pero también solo Él puede consolar, sanar y restaurar. Eres valiente. Gracias por no darte por vencida a pesar del dolor.
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