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¿Puedo mantener la producción de leche materna con mi bebé prematuro?

Mi embarazo fue de alto riesgo. En la semana 26, ingresé al hospital por una amenaza de parto. Una de las primeras preguntas de mi ginecóloga fue: "¿Ya tienes un extractor de leche?". Afortunadamente, esa fue una de las primeras compras que habíamos hecho con mi esposo.

Desde siempre, tuve el deseo de tener lactancia materna exclusiva con mi bebé. Aunque mis planes cambiaron drásticamente, yo quería que este no me fallara. Le oraba a Dios para que, a pesar de los desafíos del embarazo, la lactancia fuera una victoria. Al final, era casi lo único en lo que tenía "control" en la situación de Noah, así que decidí dar todo de mí para lograrlo.


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Comienzo de la Producción de Leche

Noah nació a la 1:17 a.m. Debido a su prematurez y condición, no tuvimos la famosa "golden hour", ese momento en el que el bebé está en el pecho de la madre para fomentar el apego y la producción de leche. Tampoco lo pegaron a mi pecho al nacer. Aunque era algo que deseaba, el bienestar de mi hijo era lo que más me importaba, así que no me importó en absoluto que mis deseos no se cumplieran. Afortunadamente, sí pude escuchar su llanto y darle un beso antes de que lo trasladaran a cuidados neonatales.


Cerca de las 4:00 a.m., llegamos a la habitación del hospital con mi esposo. Lo primero que le pedí fue que preguntara cuándo podía comenzar a estimularme para el calostro. No había descansado, pero mi mente de mamá ya quería darle el calostro a mi bebé porque sabía lo lleno de nutrientes que es y cómo podía ayudarlo.


Alrededor de las 10:00 a.m. de ese mismo día, la neonatóloga llegó a la habitación y me enseñó a estimular mis pechos manualmente. A Noah le estaban dando solo 0.2 ml de alimento, y en mi primera extracción, logré sacar 0.1 ml. ¡Saltábamos de la felicidad con mi esposo! Aunque teníamos un extractor, las primeras extracciones las hicimos a mano porque cada gota de calostro es oro líquido y queríamos recolectar todo lo que pudiéramos.


Me comuniqué con mi asesora de lactancia, primero para contarle la noticia del nacimiento de Noah y luego para pedirle apoyo. Ella me sugirió hacer extracciones cada dos horas para simular que el bebé estaba mamando. Sinceramente, entre el dolor físico y la carga emocional, me costó mucho seguir ese ritmo.


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Lo Que Hice en Esas Primeras 72 Horas


El horario de visita en ese primer hospital era de 8:00 a.m. a 8:00 p.m. Apenas me desperté, quise extraerme calostro y bajar a ver a mi bebé, pero no me permitían verlo hasta que me quitaran la sonda. Mi ginecóloga me dio luz verde para quitarla a las 7:00 p.m., y yo le dije a la enfermera que se preparara, porque a las 6:50 p.m. la llamaría para que me la quitara. Solo tendría una hora para ver a mi bebé, y ese día fue muy largo sin él.


Recordé la importancia del estímulo para la producción de leche. Un factor clave para que el cerebro reciba la señal de producir leche es el sonido del llanto del bebé. Mi esposo había grabado la cesárea, y en ese video se escuchaba el llanto de Noah. Vi ese video miles de veces antes y durante mis extracciones para decirle a mi cerebro que necesitábamos producir leche. También me apoyé en recursos naturales y suplementos. El hospital me daba un termo con té de ixbut en cada comida, y llegué a tomar entre seis y siete tazas al día para ayudar a mi producción. Adicionalmente, comencé a tomar unas pastillas de extracto de ixbut llamadas Maxilact, una con cada comida.


Finalmente, llegaron las 7:00 p.m. Me quitaron la sonda y pude bajar a conocer a Noah. Aún recuerdo con lágrimas esa primera vez que lo vi con tantos tubos, tan frágil y delicado. Mi corazón de mamá supo que necesitaba ser fuerte y darlo todo, porque él estaba siendo un verdadero guerrero. Después de verlo, fue que me motivé a acelerar el ritmo de las extracciones, sabiendo el gran beneficio que esto tendría para Noah.


Mi mejor amiga nos regaló un muñeco hermoso que tiene la fecha, hora, peso y medida de Noah. En la noche, en el hospital, mientras lloraba, abracé al muñeco como si fuera mi bebé y comencé a mecerlo. Mi cuerpo extrañaba a Noah y sentía los brazos vacíos, así que los llené momentáneamente con el muñeco. Mis pechos sintieron esa conexión y, por primera vez, gotearon leche, mojando mi pijama. El contacto físico, incluso simulado, tiene un impacto muy real en la producción hormonal.


Continué con mi rutina: veía el video de Noah llorando, lo visitaba las veces permitidas, y seguía tomando el té y las pastillas de ixbut. Al tercer día, justo antes de mi alta, hice una última extracción con el extractor y saqué 4 onzas de calostro. Las enfermeras no lo podían creer y no sabían dónde guardar tanta leche, ya que mi bebé comía muy poco. Pero yo estaba feliz de poder dejarle su comida, cumpliendo mi deseo de que, de alguna manera, tuviera lactancia materna exclusiva.


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Mantenimiento de la Producción de Leche


Al sexto día de nacido, trasladamos a Noah a otro hospital con restricciones mucho más estrictas: visitas solo cuatro días a la semana, una hora al día, y solo un padre a la vez. Si quería dejarle leche materna, tenía que ir a extraérmela allí, no en la comodidad de mi casa.


Aquí comenzó el reto real. Era un esfuerzo sin el estímulo de mi bebé, más allá de las fotos y videos que había logrado tomar en sus primeros días. Tenía que ir una hora al hospital todos los días solo para extraerme, sin poder ver a mi bebé. La tristeza me estaba ganando, pero mi hijo guerrero me recordaba que no se debe tirar la toalla.


En casa, me hacía extracciones varias veces al día para evitar que se me acumulara la leche. Comencé con dos veces, luego subí a cuatro, más la extracción diaria en el hospital. Noah fue aumentando su ingesta de leche poco a poco, y como en el hospital no aceptaban leche congelada, tenía que ir a diario para suplir sus necesidades de 24 horas. En cada visita, preguntaba cuánto comía para intentar dejarle esa cantidad. Empezó con 0.5 onzas y llegó a 7 onzas. Mi meta de la lactancia exclusiva me motivaba a intentar dejarle esa cantidad para evitar que complementaran con fórmula, así que en cada extracción trataba que fueran 6-7 onzas.


Me extraía en casa para mantener mi producción, y la leche la congelaba. En total, Noah estuvo 45 días en el hospital, y durante ese tiempo me extraía 4 veces al día en casa intentando sacar la cantidad que él necesitaba. Tuvimos que comprar un congelador para poder almacenar toda la leche.


Cuando Noah llegó a casa, estaba decidida a tener lactancia materna exclusiva, dándole directamente del pecho o con la leche congelada, para finalmente cumplir mi plan. Fue chistoso porque él comía 1 onza en cada toma, pero yo producía 6-7 onzas en cada toma, así que para evitar no ahogarlo tenía que extraerme antes de darle lactancia. Lo hicimos así los primeros 15 días, pero iba "atrasado" en su aumento de peso, y tuvimos que comenzar a complementar con fórmula. De nuevo, Dios me recordaba, con amor, que no son mis planes, sino los de Él.


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Al final del Día...


La lactancia materna es un reto donde las mamás dedicamos alma, cuerpo y espíritu. Fue un desafío lograrlo con mi bebé prematuro, como me imagino que también lo es con bebés a término. Sin embargo, no hay nada más precioso que esas miradas, manitas y esa conexión que se logra al amamantar.

Pero, aunque lo intentemos con todo nuestro ser, a veces los planes cambian y tenemos que complementar con fórmula, y eso está bien. Lo que queremos es alimentar a nuestros bebés, y cualquier opción lo logra. Ya sea con lactancia materna exclusiva, con fórmula o de forma mixta, sigues siendo una mamá amorosa y dedicada a tu bebé.



Recomendación de asesora de lactancia top: Andrea Martínez (IG: @mujermodernagt )


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