Un año después: honrando a Luca con amor y esperanza
- Melanie Sapper
- 14 feb
- 2 Min. de lectura
Esto lo escribo como testimonio propio, lo que he vivido y cómo un año después lo estoy viviendo. Sé que cada uno tiene su propio caminar con Dios y el duelo, así que aunque esto no aplica a todos, espero pueda dar un poco de esperanza en el dolor.

Ha pasado un año desde el día donde en el Doppler no fluía sangre. Un año desde que nos dijeron: “lo lamentamos, Luca no sobrevivió”. Un año desde el vacío en mi ser. Un año desde que en mi familia falta un pequeño. Un año desde que me quebré en mil pedazos.
La respuesta a la pregunta “¿cuándo dejará de doler?” sigue siendo la misma: nunca. Nunca deja de doler. Esto sigue siendo real porque el dolor sigue, pero también se transforma.
Hay recuerdos, olores, pijamas dobles, hablar en plural o decir “Luca”, y hace que me den escalofríos y en la noche llore. Ya no es a diario como al inicio, pero aún hay momentos donde el recuerdo me quiebra.
Un año después, aunque sigue doliendo en cada fibra de mi ser no tener a mi gemeluchini Luca, ahora tengo un mejor entendimiento de la soberanía de Dios. Un año después a veces cuestiono, pero intento llevarlo a Dios. Llevo mis pensamientos cautivos a la obediencia de Cristo porque, ¿quién soy yo para cuestionar a Dios?
Un año después me vestí con la misma falda de flores, esa que dije: “es mi falda de buenas noticias”. Esa misma que me puse con lágrimas después del ultrasonido y no había podido usar desde hace un año. Lo hice porque la vida de Luca son buenas noticias, su recuerdo ahora es alegría.
Noah, su gemelo, ama la música y los instrumentos. Solo puedo pensar en esa fiesta con música que hay en el cielo celebrando el cumpleaños de la llegada de Luca.
Un año después visitamos un mariposario que honra la vida de las pérdidas gestacionales y con mucho amor le hicieron una placa a Luca. Hoy, después de visitarlo, una mariposa blanca llegó a nuestra casa. Justo un año después de que a Luca Dios le regalara alas.
Hoy, un año después, somos una familia fortalecida y valiente que no le tuvo miedo al dolor y lo atravesamos con todo su estruendo de la mano de Dios mientras también cuidábamos a Noah.
Solo Dios nos pudo sostener este primer año, y seguirá siendo Él quien nos siga sosteniendo el resto de nuestras vidas mientras honramos la vida de Luca.
Hasta el día en que el cielo nos reúna de nuevo. 🤍
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